El niño de la Amazonia

La Vereda del Caribe del pueblito de Lago Agrio, Ecuador, es una calle ancha, recta y larga, casi como una pista de atletismo que, a mediados de la década de los 90, es un terreno ideal en el que levantar polvaredas con una buena carrera. En esa calle siempre hace calor, porque, más allá de la importancia que pueda tener ese sendero en el relato en cuestión, el pedazo de tierra que se extiende delante de los ojos es, apenas, una línea divisoria entre el Amazonas y el Amazonas. Aquí no hay más terreno que el que gobiernan la humedad y el sol. Los pies de Antonio enfilan hacia adelante una vez más porque ve irse al balón por lejos y debe correr. Para él, Vereda del Caribe es un hombre ajeno. Para él y para sus amigos, la calle se llama como la bautiza el número de casas que se suceden hasta el final de la cuadra. Ocho casas en la Calle Ocho.

Antonio Valencia aprendió a recorrer la vida en esa calle en la que creció, sin necesidades extremas, pero como parte de una familia pobre, en la segunda casa de la seguidilla, con paredes armadas entre el trabajoso desorden ordenado de un sinfín de placas de metal y madera, casi apiladas en forma de casa. Entre esos rincones de hogar duermen José Antonio y Teresa, los padres del mencionado Antonio y de sus hermanos Eder, Alfredo y Jazmina. Duermen y además viven con profunda dignidad y con la ley del trabajo como máxima impermeable.

Enfrente de la casa de los Valencia se enmarca el Estadio Carlos Vernaza, una cancha de fútbol con capacidad para 8.000 personas y, todavía en la infancia del joven Antonio, un terreno con mucha más tierra que césped. Allí, cada tarde en la que no hay partido, el niño se mete sin preguntar y sueña con ser jugador. Allí, también comienza a hacer malabares en los entretiempos de los partidos hasta que lo ve Pedro Perlaza, ese entrenador que lo catapultó a pensar seriamente en el fútbol. “Hacía malabares. Lo vi un domingo, él jugaba en el club Chico Malo, le pregunté quién era su padre”, cuenta Pedro. El mismo que dice que el pequeño Antonio le señaló su casa desde la tribuna, al otro lado de la calle.

El rayo que recorrió el mundo

Las ocho casas en diez segundos. Esa es la marca. Esa es la meta. Antonio vive por y para el fútbol. Cuando no va a la escuela, vende golosinas y junta botellas para aportar a la casa familiar. Y entrena como nadie. Antonio se para a correr por su recta preferida desde las 10 de la mañana incluso en jornadas en las que la práctica del equipo ocurrirá recién por la tarde. José Villafuerte, ex figura de El Nacional de Ecuador y por entonces entrenador de la Federación de Fútbol de Sucumbíos, queda perplejo ante las condiciones del crack.

Antonio Valencia pasará de Caribe Juniors a El Nacional. De allí partirá a Europa, en donde pasará por Villarreal y Wigan. En el 2009 romperá todos los récords y será adquirido por el Manchester United de Alex Ferguson, que lo pagará 28 millones de euros. Al cabo, triunfará en el fútbol europeo. Años después de aquel chico que corría, Antonio no duda sobre aquel camino: “Ha valido la pena todo el esfuerzo, estar separado de mi familia, las costumbres, el frío, porque espero estar llevando un mensaje positivo a mi país y sobre todo a los niños, sólo eso espero”.

Ocho casas en diez segundos. Muchos años después de la Calle Ocho, la FIFA determinará un ránking con los futbolistas más rápidos del mundo. Delante de los 32,5 kilómetros por hora de Lionel Messi a máxima velocidad, de los 33,6 de Cristiano Ronaldo y los 34,7 de Gareth Bale, hay uno que corre más que cualquier otro en el planeta. Antonio Valencia sube hasta los 35,1 kilómetros por hora en cada uno de sus piques con la camiseta de Ecuador, la misma que llevará puesta en la Copa América Centenario, en tan sólo unos días. En cada arranque, pasan junto a sus ojos aquellos frentes de la calle de toda su vida. Por eso, cuando su familia le pregunta qué hacer con aquella casa desvencijada del principio de todo, esa que está deshabitada y se cae a pedazos, Antonio Valencia no duda: “Que la dejen como está. Mis recuerdos viven allí”. Nada cambio aunque todo cambió. Antonio corre otra vez.

 
Fuente: https://www.pasionfutbol.com/noticias/Valencia-el-mas-rapido-del-mundo-que-juega-en-Ecuador-20160518-0051.html

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