In this Sept. 30, 2015, photo, Republican presidential candidate, businessman Donald Trump talks during a campaign stop in Keene, N.H. After seven years of the political drama known as "Obamacare," you might think voters would be tired of big ideas for revamping health care. If so, the presidential candidates seem to have missed the memo. Trump says his replacement plan would be different. He’d make sure everybody in the country is covered, something not even Obama accomplishes. Trump says he’d make a deal with hospitals, and most people would still have private coverage. (AP Photo/Steven Senne)
La campaña de 2016 a la Casa Blanca no guarda parecido con ninguna otra: un año y medio de contienda, dos ásperos debates, declaraciones de extrema vulgaridad y un partido republicano sin brújula.
 
A cuatro semanas de las elecciones, los siguientes son tres aspectos fundamentales de la campaña para escoger al sucesor de Barack Obama.
 
1. Trump, golpeado pero aún de pie
 
El sábado, un día después de la divulgación de vulgares comentarios de Donald Trump en 2005, la candidatura del millonario parecía estar a un paso de la catástrofe.
 
Uno a uno, importantes dirigentes del partido Republicano saltaron al ruedo para romper con Trump y sugerir que abandone la campaña en favor de su compañero de fórmula, Mike Pence.
 
Dos días y un debate más tarde, Trump sigue como un boxeador exhausto contra las cuerdas, pero que por el momento parece haber evitado una derrota por nocaut.
 
Incluso el propio Pence, que el fin de semana dijo sentirse «ofendido» por las declaraciones de Trump sobre mujeres, afirmó este lunes que se sentía «honrado» de componer una fórmula presidencial con el polémico millonario.
 
En el debate del domingo Hillary Clinton «no logró dar el golpe del nocaut que todos esperaban», estimó  Julian Zelizer, profesor de la universidad de Princeton.
 
David Axelrod, unex asesor del presidente Barack Obama, apuntó que Trump «no hizo lo suficiente como para revertir» el desorden generalizado en que se encuentra su campaña, pero «hizo lo necesario para evitar un hundimiento».
 
Un sondeo del diario Wall Street Journal y la red NBC, divulgado este lunes y realizado antes del debate del domingo, mostró a Clinton con una ventaja de 11 puntos porcentuales sobre Trump.
 
2. Olvídense del debate de ideas
 
Al final del primer debate presidencial contra Clinton, Trump aseguró que había tratado de mantener elevado el nivel de la discusión, a pesar de las constantes asperezas que surgieron.
 
«Cuando ella me atacó sobre las mujeres, estuve a punto de responder con las historias de las mujeres de su marido (Bill Clinton). Pero consideré que no debía hacerlo porque su hija, Chelsea, estaba en la audiencia», dijo Trump.
 
Pero en el segundo debate, aún con Chelsea en la audiencia, Trump cambió de tono y llegó al punto de acusar al ex presidente Bill Clinton de ser un «abusivo con mujeres».
 
Inclusive, horas antes del segundo debate mantuvo un encuentro con cuatro mujeres que desde hace años acusan al expresidente por diversas agresiones sexuales, y posteriormente las invitó a acompañar el debate en la primera fila.
 
Con esto, el nivel de la campaña ingresó en un terreno nunca antes mapeado.
 
Así, con la creciente animosidad entre los dos, se torna difícil imaginar que el último debate antes de las elecciones, previsto para el 19 de octubre, permita algún tipo de discusión de ideas.
 
3. Partido Republicano dividido y en crisis
 
El día en que Trump anunció su candidatura, en junio del año pasado, el conservador partido Republicano (una institución venerable en Estados Unidos, fundado en 1854) percibió que podía quedar en una posición difícil.
 
Pero en las últimas semanas el sentimiento de disconformidad dejó lugar a un caos completo en las filas partidarias.
 
Este lunes, el dirigente republicano con mayor cargo electivo de la actualidad, Paul Ryan, presidente de la Cámara de Representantes, dijo que ya no hará más campaña por Trump ni lo defenderá, y hasta sugirió que consideraba un hecho consumado la victoria de Hillary Clinton en las elecciones de noviembre.
 
Ryan es apenas el último de una larga serie de influyentes líderes republicanos que decidieron marcar distancia de Trump, varios de ellos incluso pidieron que el magnate se retire de la contienda. 
 
Pero Trump afirmó que hay «cero chance» de que renuncie a sus candidatura. «Nunca, jamás, me doy por vencido», dijo.
 
«Paul Ryan debería dedicar más tiempo» a reflexionar sobre la inmigración ilegal, defender el empleo y equilibrar el presupuesto y «no perderlo en combatir al candidato republicano», afirmó Trump en su cuenta de Twitter. 
 
La ruptura entre ambos dirigentes republicanos fue música para los oídos del equipo de Clinton. 
 
«Una suerte de guerra civil está quebrando al Partido Republicano», comentó el lunes la directora de comunicaciones de la campaña demócrata Jennifer Palmieri. 
 
Pero para Larry Sabato, de la Universidad de Virginia, «hay mucha más resistencia a Trump entre los líderes del partido que en la base».
 
«La mayoría de los electores que se consideran republicanos van a votar por Trump, y además se sienten abandonados por la dirigencia del partido precisamente por haberle retirado el apoyo», señaló.

 

Fuente: Ecuavisa

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