A pesar de que un anhelado cese el fuego fue firmado el viernes entre representantes de Ucrania y Rusia, rebeldes prorrusos y la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE) en Minsk, Bielorrusia, no parece haber claridad sobre qué tan sólida pueda ser la tregua.

 

Poco después de que fuera anunciada, Fergal Keane, enviado especial de la BBC a la ciudad de Mariupol, en el este de Ucrania, informó que un importante puesto de control del gobierno fue destruido por fuego de artillería disparado por combatientes prorrusos.

 

Keane dijo que también hubo disparos del otro lado.

 

No obstante, en la mañana del sábado el presidente ucraniano Petro Poroshenko declaró que tanto él como su homólogo ruso, Vladimir Putin, estaban de acuerdo en que el cese el fuego entre las fuerzas de su gobierno y los separatistas prorrusos estaba manteniéndose.

 

“Petro Poroshenko y Vladimir Putin discutieron formas de lograr que el cese el fuego se mantenga”, había dicho la oficina de Poroshenko en una declaración el sábado en la mañana.

 

Pero los intercambios de fuego en el oriente ucraniano se repitieron -con variada intensidad- el sábado y el domingo.

 

Entonces, ¿qué tan sólido es el cese el fuego y cuál es el interés de los gobiernos de Ucrania y Rusia en mantenerlo?

 

Bridget Kendall, corresponsal de asuntos diplomáticos de la BBC, explora aquí esta cuestión.

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¿Una tregua efímera?

El acuerdo de alto el fuego que entró en vigencia el viernes en el este de Ucrania tiene el potencial de convertirse en un punto de inflexión en el conflicto.

 

Aparentemente, el interés de las partes -al menos en el plano político- es que se convierta en un primer paso hacia la paz.

 

Además del objetivo mutuo confeso de hacer todo lo posible para detener el derramamiento de sangre y el sufrimiento, ¿cómo se benefician Rusia y Ucrania con el acuerdo?

 

No hay duda de que las opciones del presidente ucraniano Poroshenko eran limitadas.

 

Tuvo que darse cuenta de que no le iba a ser tan fácil librar una campaña para aplastar a los rebeldes en el este de su país y seguir adelante en el objetivo de sacar a Ucrania del caos económico en que se encuentra.

 

Una reciente inyección de recursos de tropas y armamento pesado -presumiblemente de Rusia- logró que los rebeldes prorrusos abrieran nuevos frentes y forzaran a las tropas ucranianas a un retiro abrupto y humillante.

 

La reacción de pánico en Kiev estuvo muy mal disimulada. En las propias palabras del presidente Poroshenko, parecía que “una agresión rusa directa y abierta”.

 

En la reunión en Minsk hace dos semanas entre Putin y Poroshenko tuvo que haber quedado claro que a Ucrania no se le permitiría ganar la guerra en el este.

 

El gobierno de Ucrania no debe olvidar que Rusia siempre tendrá el poder para montar una contraofensiva, o simplemente mantener la región perpetuamente inestable, obstaculizando los planes de Poroshenko para las elecciones parlamentarias del próximo mes.

Amigos cautelosos

Además, el presidente Poroshenko debe haber quedado con pocas ilusiones sobre la ayuda militar de Occidente. Tras la última cumbre de la OTAN quedó claro que cuando se trata de Rusia, los países occidentales son pragmáticamente cautelosos.

 

Sin duda Occidente está dispuesto a respaldar a Kiev política y económicamente, y a brindar asesoramiento, entrenamiento y asistencia militar no letal. Pero Ucrania no forma parte de la OTAN y Occidente no está preparado para ir a la guerra con Rusia por ella.

 

Los líderes de Francia y Alemania han dicho en varias ocasiones en las últimas semanas que este conflicto en Ucrania se resolverá con un alto el fuego.

 

En otras palabras: “le corresponde a usted, presidente Poroshenko, tarde o temprano”.

 

Las opciones rusas

Pero si Ucrania quedó atrapada entre sus pocas opciones, ¿qué pasa con Rusia? ¿Por qué el presidente Vladimir Putin acepta detenerse ahora?

 

Habría podido presionar -como esperaban los nacionalistas conservadores rusos- para anexar el este de Ucrania como parte del territorio ruso. O declarar un nuevo territorio protegido en Novorossiya (Nueva Rusia, como el Imperio Ruso de los siglos XVIII y XIX llamaba a una parte de Ucrania) para crear un puente terrestre hacia Crimea.

 

El hecho es que Putin tuvo amplia oportunidad de asumir el control del este de Ucrania, si lo hubiera querido hacer. Pero no está claro qué ventaja obtendría del territorio.

 

Es pobre, muchas de sus industrias han perdido poder, la población local está traumatizada y dividida. Y sería una pelea sangrienta y desordenada, con participación de gran número de tropas rusas y, por lo tanto, quién sabe cuántas bajas rusas se contarían.

 

Puede ser un riesgo que Putin no está dispuesto a asumir.

 

Tal vez sea mejor buscar detener el conflicto ahora cuando los rebeldes tienen alguna ventaja militar, cuando el gobierno de Ucrania parece vulnerable y capaza, ante la esperanza de un acuerdo de paz, de verse más propenso a satisfacer las demandas clave de Rusia.

 

Las sanciones de Occidente también pueden jugar buena parte en la disposición del Kremlin para respaldar la tregua, entre otras cosas porque hay reportes de que los precios están subiendo en Rusia, sobre todo de los alimentos, algo que puede afectar a la población más pobre en ese país.

 

Al final, es probable que la presión interna sea, para ambos presidentes, un factor importante en su toma de decisiones en torno al cese el fuego y el interés de conseguir la paz.

Fuente: BBC mundo

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