Quisiera sentarme a conversar con ustedes de lo exitosa que fue la administración de Luis Chiriboga en la FEF, tantos logros deportivos obtenidos, hechos históricos para nuestro fútbol que nos llenaron de orgullo en todo momento, lamentablemente mientras el palmarés de la “TRI” crecía, también lo hacía la prepotencia. Característica que se termina convirtiendo en el procedimiento natural para la toma de decisiones.

Amparados en un sistema que parecía tener como lema “el fin justifica los medios” la FEF con el aval de su principal, tomó resoluciones que carecían de sentido común como por ejemplo la reintegración a la institución de una persona que había sido acusada y sentenciada por tráfico de migrantes. Todos merecemos una segunda oportunidad pero con el escándalo mediático que se armó, era tirado de los cabellos pensar en la vuelta de aquel “profesional”. Además de esta polémica hubo otras quizás de menor impacto, como la ruptura de contratos de manera abrupta de ciertos clubes con canales de TV, el caso de “los muertos vivientes” en selecciones menores del país, la ratificación del Ministerio Público en una pretensión de pago por parte de Luis Chiriboga con bienes de la FEF a una demanda por injurias pedida a título personal, el informe de egresos en los valores que percibía como ayuda de la FIFA para programa de desarrollo arbitral, informe en el caso de las llamadas “maletas viajeras (invitados a mundiales)”. Increíblemente todos encontraron una salida pero que a la mayoría nos sembró la duda en la pureza de su gestión. A “Luchito” se le presentó la oportunidad histórica de dar una lección de ética y moral al mundo futbolístico luego de la mal ganada clasificación al mundial sub 17 en el 2015, sin embargo se volvió hacer uso del gran lema para hacerse de la vista gorda e incluso sentirse “engañados”, la decencia y justicia no entraba en el vocabulario oficialista.

El voto de aplauso y la creación de innumerables comisiones que eran subordinadas al poder estaban a la orden del día, el régimen dictatorial hacía temer a los dirigentes que se atrevan a expresar un pensamiento diferente por las consecuencias que significaron para algunos de sus colegas y clubes que representaban.

El rechazo público se hacía sentir pero tal era el poder que incluso los llamados a hacerle frente terminaban recogiendo sus conceptos y posturas por la gran cantidad de “favores” que le debían al máximo representante del fútbol ecuatoriano, “favores” que por supuesto se pagaban con votos como gran principio de reciprocidad.

El mundo es de los vivos dice Julián Garceranth, lamentablemente aquella viveza nos hizo alejarnos de los objetivos estructurales para concentrarnos en el “te doy el voto y que me das a cambio”. Nos olvidamos que el ente regulador debe regular, el enfoque se perdió, la imagen se deterioró y la confianza de un cambio es baja producto de estos polémicos 18 años de poder.

Editorial de @CarlosGalvez21

Fuente: http://www.estadio.ec/opinion/carlos-galvez/18-anos-de-maquillaje#sthash.UZisoORv.dpuf

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